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Enrique Shaw fue un empresario católico que ha asumido con plena conciencia esta función laboral tan importante y nos ha dejado algunos consejos para vivir la vocación profesional: buscar santificarse y santificar la empresa a través de la profesión.

Ramiro de Iturralde

Por Cecilia Zinicola 
Seleccionado por Ramiro de Iturralde 

Vivir la vocación profesional con sentido buscando la excelencia humana
La empresa es un proyecto que puede convertirse en un medio para hacer un verdadero aporte social. Si un dirigente es cristiano y vive su trabajo como un programa de Dios, lo que se espera de él es una mayor perspicacia y comprensión y un liderazgo seguro y optimista.

El siervo de Dios Enrique Shaw fue un empresario católico que ha asumido con plena conciencia esta función laboral tan importante y nos ha dejado algunos consejos para vivir la vocación profesional: buscar santificarse y santificar la empresa a través de la profesión.

En una recopilación de escritos, “Enrique Shaw: Notas y apuntes personales”, se recogen algunas de sus recomendaciones sobre el enfoque en la relación de un jefe con sus empleados para revalorizar el componente humano en la empresa y buscar la excelencia.

El cristiano cree en el pecado, pero también en la Redención. La pregunta de Shaw para el empresario es si ¿estamos realmente persuadidos de que la Redención es un acontecimiento que nos vincula a todos y que debemos prolongar? ¿Tenemos hoy la convicción de que estamos encargados de mejorar el mundo y de que podemos hacerlo?

1. Facilitar la realización de los empleados
“Somos responsables de la ascensión humana de nuestro personal haciéndoles descubrir lo que ellos tienen de bueno, a pensar y a tener iniciativa»

Más que dar algo hay que hacerle descubrir a la gente que trabaja con nosotros lo que ellos ya tienen. En todo trabajo se debe poder desarrollar la personalidad de cada uno utilizando la libertad en el cumplimiento de objetivos y preservando siempre la dignidad humana.

Es importante que los trabajadores tengan iniciativa propia, que piensen, actúen, sugieran y no esperen simplemente las ideas de “arriba”. La empresa es un molde donde se definen responsabilidades y se premia a quien se lo merece. Al facilitar el trabajo se ahorra energía, se trabaja mejor y más feliz. Por eso, tiene que haber comprensión para no endurecerse.

2. Vincular el trabajo a la vida espiritual
“La empresa puede ser un instrumento de santificación produciendo bien material y espiritual y sirviendo a la paz social”

Cuando un empresario vincula su vida espiritual a la empresa, lo hace con un deseo verdaderamente profundo de hacer algo bueno en ella. Es un espacio donde se usa todo el potencial de los hombres y de la tierra para dar un beneficio material, pero también uno espiritual.

Los empleados deberían darse cuenta de que valemos como personas. Aunque un empleado obedece, tiene que conservar su personalidad. Todos queremos ser apreciados, que se nos consulte y no ser ciegos ejecutores de órdenes. La obra de cada trabajador es de valiosa colaboración con la obra soberana de Dios y de solidaridad con toda la comunidad.

3. Buscar eficiencia y no solo ganar dinero
“El fin primario es producir bienes y servicios: la utilidad es su fin secundario, es un motor para que la gente produzca ese servicio. Es legítimo en cuanto favorece al primario y no lo contradice”

Los empleados tienen que darse cuenta de que el ganar dinero no es la única preocupación de la empresa, sino también el ser eficientes para asegurar el trabajo. Es un deber hacer prosperar a la empresa, pero no únicamente por el dinero. Hay que pensar también en el capital humano.

Debemos crear trabajo y cuanto más eficiente sea nuestra labor, más recursos tendrá la Providencia para repartir entre pobres y necesitados. Somos agentes multiplicadores de bienes y con esta visión somos capaces de poder reducir las diferencias que hay en nuestra sociedad.

4. Tratar a cada individuo y fomentar el trabajo en equipo
“¿Soy capaz de darme a un empleado? “La fuerza de la cadena está dada por el eslabón más débil”

Es importante tener un contacto personal con los trabajadores y ganar su confianza. Interesarse por ellos, conocerlos y ayudarles a adquirir un sentido de los deberes hacia la colectividad con sus dones, el gusto por el trabajo y la vida. No ser vulgares con ellos, sino buscar hacer crecer su dignidad y antes de juzgarlos, amarlos.

Nuestra función es unir a las personas. Es indispensable mejorar la convivencia social dentro de la empresa y fomentar el trabajo en equipo. Para eso, importa mucho que seamos accesibles para humanizar la empresa. Tiene que haber una comunidad humana en donde los trabajadores participen y haya un sentido de pertenencia.

5. Aplicar las enseñanzas de Cristo en las tareas concretas
“Ver en el prójimo a Jesucristo. El trabajador es nuestro prójimo”

Un gran problema es cuando hay una falta de gente capaz en los niveles más altos de la empresa. Para crear una conciencia de la función empresarial concebida cristianamente, hay que usar el método de aplicación concreta. El empresario debe encarnar a Cristo y la forma de hacerlo es viviendo sus enseñanzas dando una respuesta cristiana a los problemas.

La crisis de hoy espera a Jesús. La gente se da cuenta de que fuera de esto no hay solución. Dios se sirve de los males actuales para despertarnos. Tenemos que reafirmar la caridad económico-social de la empresa para una vida económica que permita una integración social más plena con solidaridad, justicia y eficacia en los intereses que persigue.

6. Vivir nuestra profesión como un servicio
“Ser patrón no es un privilegio, sino una función. La función que tenemos es la del servicio. Debo tener un corazón, pero no ser sentimental. El director debe vitalizar”

Más que nunca en los tiempos actuales, y a pesar de las dificultades, hay un deber de los dirigentes de empresa tanto como intelectuales y dirigentes, de aportar un mensaje a la luz de la fe cristiana buscando soluciones adaptadas a las realidades siempre mudables.

Manteniéndonos firmes en los valores, nuestra personalidad debe estar abierta hacia los demás y ser dócil al Espíritu Santo. Dejarnos mover por él y sentirnos responsables de la práctica del amor infinito en el tiempo para que la gente sienta el amor que Dios nos tiene.

7. Ser como los demás necesitan que seamos
“Estemos atentos a las necesidades de la gente con la que vamos a estar en contacto hoy. Debo ser como los demás necesitan que yo sea”.

Hemos sido creados para amar. Dios nos ama incondicionalmente. Una actitud hacia el ser amado se manifiesta al escuchar con humildad, con paciencia y paz, dando y dándose por encima de recibir. Al tener gente bajo nuestra influencia y responsabilidad, tenemos que ser generosos irradiando el amor de Cristo. Ser generosos en el amor.

Traducir el amor en actos concretos positivos en beneficio de los demás implica ser como los demás necesitan que seamos: amables. La caridad en la relación de dependencia no solo es una virtud, sino también un arte de parte de los patrones. La grandeza de una persona se mide por su poder de comunión y para eso necesita del amor. Dios es una comunidad de personas.