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Los jóvenes de entre 15 y 24 años (la llamada Generación Z) están enfrentándose a una realidad de falta de trabajo y oportunidades como nunca antes. La tasa de desempleo para este sector alcanzó el 16.1%, mientras que el 25% no califica para obtener apoyo gubernamental ya que tiene contratos de trabajo casuales o no ha estado empleado, por lo menos, por 12 meses.

Ramiro de Iturralde

Seleccionado por Ramiro de Iturralde

La pandemia por Coronavirus ha traído consigo retos importantes en prácticamente todos los sectores laborales en el mundo pero, sobre todo, ha puesto de manifiesto hábitos, costumbres y prácticas poco saludables que están desencadenando problemas que repercutirán en las finanzas de la gente durante varios años. Enfoquémonos en Australia en la Generación Z.

Australia es uno de los países que mejor ha manejado la pandemia. Con una población de 25 millones de personas, registró hasta junio pasado 8,755 casos y 106 muertes.  Ha destinado alrededor de 180,000 millones de dólares para apoyo financiero y económico y no ha vivido una recesión económica desde 1990.

A pesar de esta situación, que podría calificarse casi de inmejorable, sus jóvenes de entre 15 y 24 años (la llamada Generación Z) están enfrentándose a una realidad de falta de trabajo y oportunidades como nunca antes. La tasa de desempleo para este sector alcanzó el 16.1%, mientras que el 25% no califica para obtener apoyo gubernamental ya que tiene contratos de trabajo casuales o no ha estado empleado, por lo menos, por 12 meses.

¿Cómo se explica que en un país, donde hay estabilidad económica, sus jóvenes no tengan trabajo?

Uno de los factores fundamentales para explicarlo es la desigualdad generacional que ha ido creciendo desde hace una década. La tasa de desempleo de jóvenes antes del Covid-19 era ya de 12%, las posibilidades de comprar una casa están totalmente fuera de su alcance, las oportunidades laborales a las que tienen acceso, no son en áreas especializadas ni en puestos altos y tienen poca probabilidad de crecimiento, es una generación que ha trabajado bajo esquemas menos rígidos que sus padres y esto les ha dado menos seguridad laboral.

También hay que mencionar que es una generación que no ha trabajado tan arduo como las generaciones anteriores, que se queja más, que gasta en cosas no esenciales con más facilidad, que no tiene el hábito del ahorro y que, al mismo tiempo, no encuentra trabajos bien remunerados, especializados o donde pueda permanecer de forma indefinida o permanente.

Esta situación quizá era perfectamente manejable antes del Covid, pero en estos momentos en los que aún no se vence a la pandemia ni se ha terminado con el confinamiento, se ha abierto una caja de pandora para la Generación Z con asuntos no resueltos desde hace años y que, de no atenderse, las consecuencias se sufrirán por varios años más.

Uno de los aprendizajes que nos debe dejar el Coronavirus, es que los problemas que no se atienden en el momento indicado y que se dejan crecer porque es más fácil vivir con ellos que resolverlos, en los momentos de crisis ponen en jaque tanto a los individuos como a los gobiernos.

Fuente: Bloomberg y BBC