Fundado por

Ramiro de Iturralde

ad verbum

ad verbum

Puedo hacerlo por mi cuenta … No necesito a nadie … No puedo confiar en nadie … Solo puedo confiar en mí mismo. ¿Alguna vez has dicho algo así? ¿Alguna vez has creído que puedes vivir por tu cuenta?

Ramiro de Iturralde

Por Luisa Restrepo
Seleccionado por Ramiro de Iturralde 

Vivimos en una época en la que ser independiente, totalmente independiente, es una cualidad codiciada. No me malinterpretes, la independencia no es algo malo, se convierte en una complicación cuando creemos que podemos hacer todo solos. ¿El problema? Puede alejar a los demás, en especial a Jesús.

«Sin mí, no podéis hacer nada» (Jn 15, 5).
La verdad es que no podemos hacer todo solos y no fuimos creados para hacerlo. A veces necesitamos volver a lo esencial, caer en la cuenta del simple hecho de que no nos debemos la vida, que somos finitos, que necesitamos ser rescatados en muchas ocasiones.

Identificar la trampa de «puedo hacer todo por mi cuenta» o «no necesito a nadie», aunque suene paradójico, es crucial para una vida en libertad, pues nos hace desligarnos de la falsa carga de la autosuficiencia y la soledad.

Aquí hay algunos recordatorios importantes para que reconozcamos nuestra autosuficiencia:

La desconfianza

Muchas experiencias en la vida, generalmente aquellas asociadas con el dolor, nos hacen adoptar la mentalidad de que «solo puedo depender de mí mismo». Entonces, una vez que comenzamos a vivir así, se nos va a haciendo más difícil pedir ayuda.

Es más fácil creer que estamos solos, que llevamos las cargas solos y que no tenemos ni necesitamos a nadie.

¿Cómo luchamos contra esto? Debemos permanecer anclados en la realidad de que no nos hicimos nosotros mismos. Llegamos a existir a través de otros y, en última instancia, de Otro. Necesitamos a los demás, necesitamos a Jesús.

¿Cuál es la fuente de tu autosuficiencia? ¿Qué mentira has creído?

Hechos para la comunidad

Estamos hechos para las relaciones. Una de las desventajas de la autosuficiencia es que no dejamos que las otras personas nos ayuden. Esto puede llevarnos a sentirnos abrumados o a hacer que los demás se sientan mal (involuntariamente) porque sienten que no estamos abiertos a invitarlos a nuestra vida.

No está mal si podemos llevar a cabo una tarea de forma independiente, lo malo es cuando nos negamos a permitir que otros nos ayuden (especialmente cuando realmente podemos usar la ayuda).

Aceptar la vulnerabilidad es crucial para conectarnos en comunidad. A veces, la autosuficiencia puede privarnos de la amistad auténtica que deseamos y necesitamos.

Sin vulnerabilidad, las relaciones se encuentran en constante conflicto. Está bien y es necesario compartir nuestras luchas. La vulnerabilidad es clave para el encuentro, porque significa el coraje de estar abierto a los demás.

Cuando somos lo suficientemente valientes para ser nosotros mismos, permitimos que otros hagan lo mismo.

¿Alguna relación pasada te ha cerrado a los demás y te ha hecho autosuficiente? ¿Temes el rechazo si la gente ve tu fragilidad?

Rendición total

Una tendencia común es confiar en nosotros mismos cuando la corriente de la vida fluye y no parece que necesitemos a nadie. Luego, cuando surge algo que no podemos controlar, caemos en la cuenta de que necesitamos de los demás, y quizá es demasiado tarde…

Reconocer cuando estamos cayendo en el modo de “puedo hacerlo todo por mí mismo” nos ayuda a construir una relación de confianza con Dios, a apoyarnos en Él para pedirle consejo y guía. Incluso cuando la corriente de la vida va bien, necesitamos confianza en Jesús.

“No puedo hacer todo” es una afirmación verdadera. Y qué alivio y liberación es saber que no estamos hechos para hacer todo por nuestra cuenta. Tenemos un amigo incondicional que se alegra por estar siempre con nosotros, por acompañarnos en nuestro viaje.